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Cocina francesa: Julia Child, una leyenda que cambió los gustos culinarios de América

 

 

 

"La cocina no es realmente un arte difícil, y cuanto más cocinas y aprendes, más sentido le encuentras. Pero como cualquier arte necesita práctica y experiencia. Y el ingrediente más importante que debes aportar es el amor a la cocina por sí misma". (Julia Childe, en Mastering the art of French cooking, 1961, pag. XXIV).

 

   

La cocina francesa oficialmente se transmite a nuestra gastronomía cuando asciende al trono el primer borbón español, aunque muchas de sus técnicas eran conocidas desde antaño. Considerada como la mejor cocina del mundo por sus materias primas y su refinamiento, es muy cierto  que esta cocina ha exportado sus técnicas a todo el mundo occidental durante siglos y, como el personaje de Molière, todos hablamos en prosa, sin saberlo. Parafraseando a Jourdain de "El Burgués Gentilhombre", bien podríamos afirmar sobre la cocina francesa:" ¡Por vida de Dios! Más de cuarenta años que hago cocina francesa sin saberlo?". ¿Qué cocinero español piensa que está haciendo una receta bretona cuando prepara una bechamel, o un ragout, o una bullavesa (que no es más que una caldeirada atlántica), o un buen trozo de solomillo a la plancha (un chateaubriant), o unas vieiras al horno, o una tartaleta de fruta o mermelada. 

 
 

 

 

  

Como gallega, esta gastronomía tiene un montón de reminiscencias culinarias de mis antepasados que ocuparon la franja que bordeaba el Atlántico desde Galicia, pasando por Bretaña, Irlanda e Inglaterra, hasta Escocia: "la tierra de los celtas, las hadas, los enanos que guardan tesoros, los santos que predican a los pájaros y  a  los peces, las hierbas que dan la melancolía, las nieblas que ocultan las procesiones de difuntos y los vagabundeos de los fantasmas" (Cunqueiro, 1981). Este pedazo de tierra franqueada por el mar, está perfectamente delimitada por una preparación culinaria, a lo que en Galicia llamamos filloas, crêpes en la Bretaña y pancakes en el Reino Unido. 

 

 

 

 

    

Sin embargo, mi fuente de conocimiento de esta gastronomía no procede de la experiencia directa con la cocina francesa, sino de una fuente secundaria: mis lecturas y programas televisivos de Julia Child, una leyenda en la historia de la cocina francesa, cuyo libro "Mastering the art of French cooking" se considera un recetario riguroso, lleno de detalles técnicos imprescindibles para la preparación de platos franceses, ya que la gastronomía gala es un verdadero arte, y como tal debe ser ejecutado, con los ingredientes, temperaturas, medidas e instrucciones precisas.

 

 

  

  

Esta ilustre cocinera merece, sin duda, una atención especial en esta página  web; no sólo por su espíritu audaz de superación y descubrimiento hacia el arte de la cocina, poco valorado en los años 50, sino por convertirse en una pionera de la cocina francesa en América: una leyenda que cambió los hábitos culinarias de los americanos de los años 60. Julia tuvo además la suerte de coincidir en el tiempo con Jacqueline Bouvier, una francófila de gustos refinados que cuando llegó a la Casa Blanca, como esposa del presidente John F. Kennedy, contrató a un chef francés ante el asombro y el escándalo de una sociedad americana bastante provinciana. Fue por aquellos años 60, cuando Julia Child saltó a la televisión, con un programa de cocina francesa que llegó a todos los rincones estadounidenses, y tuvo un apabullante éxito televisivo.


 

 

 

Si habéis visto la película de Julie&Julia quizá tengáis alguna idea de la historia de Julia Child. El relato está basado en hechos reales, en donde se entrecruzan dos vidas: la de la mítica Julia Child y su viaje iniciático en el arte de la cocina gala; y la de Julie Powell, una telefonista hastiada de su trabajo de autoayuda a los afectados del 11 de septiembre, que alivia su rutinario trabajo con la lectura del libro de Julia Child. En un momento eufórico, decide afrontar el desafio de elaborar las 524 recetas de dicho libro en sólo un año. Asimismo, y a sugerencia de su marido, emprende la creación de un blog, para ir contando sus experiencias. Este blog se hace tan popular que saca a Julie Powell del mundo axfisiante del cubículo de Queens, y la convierte en una celebridad culinaria. Por supuesto, la inspiración y ejemplo de Julia Child son el faro que guíe a Julie en este extraordinaria y loca aventura.

 

 

 
 

Por su parte, Julia Child nace en Pasadena (California), de una familia acomodada, en donde la comida es algo rutinario y la expresión "qué rico está esto!" no entra en su repertorio. Se educa en colegios de prestigio, y al empezar la segunda guerra mundial se incorporó a la Oficina de Servicios Estratégicos de los Estados Unidos y pronto la destinan a Ceilán, donde conoce a su marido, Paul Child, diplomático, escritor y poeta. Después de la guerra, asignan  a su marido un puesto en la embajada americana en París y Julia se convierte en "una americana en Paris", que irremediablemente se  enamora de esta ciudad; y a la vez sucumbe también a los gustos parisinos de su cocina.

 

  

 

 

Como mujer inquieta, no se contenta con compartir la vida rutinaria de sus compatriotas, sino que desea aprender la lengua y conocer la cultura francesa, y para eso se inscribe en la famosa escuela de cocina Le Cordon Bleu, donde aprende las técnicas maestras de la culinaria de este país; y un día advierte con asombro que no existe ningún libro de cocina francesa escrito en inglés. Es entonces cuando, con dos amigas cocineras franceses, deciden co-escribir "Mastering the art of French cooking", para dar a conocer las suculentas recetas de la cocina francesa al mundo anglosajón.

 

 

 

 

 

 

A partir de aquí, vuelve a Estados Unidos, en donde le proponen hacer un programa de cocina en la televisión y en 1963 debuta con The French Chef, que se mantendrá más de una década, y que se convierte en un rotundo éxito, por el que le otorgan premios y todo tipo de condecoraciones, incluida la Legión de Honor.  En el video extraído de YouTube podréis ver y escuchar un pequeño extracto de este extraordinario personaje.

 

 
  

 

 

 

 
 

Y en sus noventa cumpleaños, América rinde un increíble homenaje a una de las mujeres más carismáticas del pasado siglo, reproduciendo su cocina primigenia en el Museo Nacional de la Historia Americana.

 



Cuando hoy nos preguntamos qué fue lo que contribuyó tan decisivamente a su éxito, se me ocurren dos razones. En primer lugar, Julia a pesar de su aspecto físico poco atractivo, se ganó a la gente con su simpatía, sencillez y sentido del humor. Cuando su famosa receta la "tarta tatin" se desmoronaba delante de sus televidentes, su respuesta fue: "No debía haber quedado así, pero estará igual de buena". Y, en segundo lugar, por su indiscutible amor y entusiasmo por la cocina. 

 

 

 

 

 

Y cuando pienso que tenían en común Julia y Julie, encuentro también dos semejanzas: la irreprimible atracción de dedicar su vida al arte de la cocina; y la fortuna de contar con maridos inteligentes que les ayudaron a conseguirlo. 

 

En definitiva, tengo que agradecer a Julia Child sus útiles técnicas culinarias de la cocina francesa, pero lo que me ha sido de más utilidad, es un consejo  que leí en uno de sus libros: la necesidad de trazarse metas a corto plazo que, al fin y a la postre, son siempre una fuente de ilusión y ganas de vivir a largo plazo.

 

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